El desastre que podemos ahorrarnos
- 7 may 2017
- 2 Min. de lectura

Hace unos días leí un post en un blog -a veces no es posible evadir las expresiones en inglés- que contaba una anécdota sencilla pero que me pareció muy válida. El autor del texto era un arquitecto que explicaba cómo un trabajo que le habían solicitado se había convertido en pesadilla.
El cliente aunque no tenía mucho presupuesto, necesitaba remodelar su apartamento, así que había decidido contratar un arquitecto para delegar determinados trabajos de la remodelación, pero había decidido encargarse él mismo de varios aspectos de la obra.
Pasados varios meses de haber empezado, la obra seguía sin finalizar, pues al no contar con las herramientas suficientes, ni con la experiencia necesaria, el cliente había generado un sinnúmero de problemas y retrasos que al final, le había encarecido en extremo su proyecto.
El arquitecto afirmaba que, si desde un comienzo todos los trabajos que el cliente había decidido hacer con sus propias manos se los hubiera encargado a un profesional todo le habría salido más económico. Además, ya estaría instalado en su apartamento que le habría quedado como nuevo. Como decía el arquitecto, saquen sus propias conclusiones.
¿Qué pensé yo? Que definitivamente reconocer hasta donde llega nuestra capacidad es indispensable para obtener buenos resultados. Lo barato sale caro.

Muchas veces por pensar que nos estamos ahorrando unos pesos, decidimos involucrarnos en ciertos temas y después viene el totazo. Otras veces, por no saber delegar, decidimos encargarnos de todo y al final, no hacemos nada. Y esto es muy común cuando se trata de escribir y editar textos.
Solemos pensar que por haber aprendido a leer y escribir en el colegio, estamos más que capacitados para encargarnos de hacer nuestro propio material escrito. Pero no es así. Como lo mencioné en un post anterior, cuando un texto tiene la redacción y la edición adecuada, se nota mucho. Y al revés.
No se trata únicamente de pensar en un profesional cuando queremos escribir un libro. El material organizacional, el material impreso o publicado online, el material personal, la forma en que estructuramos nuestra hoja de vida, en fin. Todo lo escrito habla por nosotros. Es más. Todo lo escrito habla de cómo consideramos a los demás y qué tipo de relación buscamos establecer con ellos.




















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