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No puedo creer que te guste leer

  • 7 ago 2017
  • 2 Min. de lectura



Hace unos días alguien me preguntó, con cara de desagradable sorpresa, por qué me gustaba leer y en qué momento leía. Después me dio a entender que él, siendo tan activo como es, no tiene tiempo para desperdiciar con la lectura, pues siempre tiene cosas que hacer mucho más entretenidas y enriquecedoras que perder el tiempo con los libros.


¿En serio me estás haciendo esa pregunta, en serio? Pensé.


Me quedé como en una especie de bloqueo interno.


No logré darle una respuesta contundente. Patiné al argumentar que prefería un libro que ver series de Netflix. Eso fue todo. No quise extenderme en argumentos para explicar la reflexión que me generaba su pregunta, y no quise agregarle más arrogancia al momento con otro tipo de comentario.


¿Cómo explicarle a alguien que no encuentra ningún interés en la lectura, la emoción que se siente al comprar un libro, captar su olor, sostenerlo, y dejar que el tiempo vuele mientras la imaginación se va detrás de las historias? ¿Cómo puede ser necesario justificar la felicidad que se siente al acceder a una infinidad de universos a través de las palabras? ¿Cómo entender que alguien pretenda subestimar el interés por algo tan enriquecedor y valioso?


Leer forma parte de mi rutina, desde siempre. Para mí está muy claro. Leer es una dicha. No necesito más justificaciones. Siempre me sentiré agradecida con mi papá por haberme heredado el amor por los libros. Él podía pasar horas enteras en una librería mientras escogía nuevos tesoros para llevar a la casa.


Leer me gusta porque me gusta leer. Porque es algo completamente obvio y natural para mí. La relación que tenemos los libros y yo está muy por encima de argumentos y explicaciones complejas. Es algo fluido y sencillo.


Evidentemente, cada uno tiene inclinaciones y tendencias diferentes que le permiten establecer qué le gusta y qué no. Demeritar a unos para justificar a otros tampoco me parece necesario. Es perfecto que a cada uno le guste lo que más se ajuste a sus costumbres y elecciones. Lo único que sí espero, es que mi hijo también se enamore de la lectura. Sueño con que lo haga de forma espontánea, tranquila y permanente, para que pueda disfrutar al máximo de los libros, tanto como lo hacía mi papá antes de morir y tanto como lo hago yo.

 
 
 

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